
El nombre de presocráticos hace referencia a todos aquellos pensadores que ejercieron su labor filosófica antes de Sócrates (desde el año
Heraclito hizo hincapié en la naturaleza transitoria y caótica de todas las cosas («todo fluye»; «todo es fuego»; «no podemos entrar en el mismo río dos veces»). Heraclito utiliza (logos) esta palabra en su teoria del ser, diciendo: "No a mí, sino habiendo escuchado al logos, es sabio decir junto a él que todo es uno." Tomando al logos como la gran unidad de la realidad, acaso lo real, Heráclito pide que la escuchemos, es decir, que esperemos que ella se manifieste sola en lugar de presionar.
El ser de Heráclito, entendido como logos, es la Inteligencia que dirige, ordena y da armonia al devenir de los cambios que se producen en la guerra que es la existencia misma. Se trata de una inteligencia sustancial, presente en todas las cosas. Cuando un ente pierde el sentido de su existencia se aparta del Logos.
Anaxagoras, que afirmó que la realidad estaba tan ordenada que debía ser gobernada en todos los aspectos por la mente.
Empedocles, Democrito, denominados pluralistas y atomistas, quienes intentaron comprender al mundo como una composición de innumerables partes interactivas.
Parmenides y Zenon de Elea, los eleaticos, quienes insistían en que «todo es uno y el cambio es imposible». Parménides y su escuela enfatizaba el carácter absoluto, permanente y durable del mundo de la verdad («ser es, no ser no es»).
Los sofistas; profesores viajantes de variada afinidad filosófica, cobraron fama, por aclamar que la verdad no era más que una opinión y por enseñar a la gente a discutir para probar cualquier conclusión que deseara.
Todo este movimiento se concentró cada vez más en Atenas, la cual se convirtió en la ciudad-estado dominante de Grecia.