Lo bello: Puntos de vistas

Para Kant, la complacencia que determina al juicio de gusto es sin interés alguno, es decir, el juicio estético no puede depender de un interés ajeno a la propia contemplación del objeto. De esta forma, se crea una diferenciación entre lo bello y lo bueno, cuya correspondencia se identifica en las filosofías trascendentales clásicas como las de Platón o Santo Tomás. Según Kant lo bello no hace referencia a un fin determinado, sino es un fin netamente formal, una conformidad a fin sin fin, independiente de la respresentación de lo bueno, además, que el juicio estético no aporta conocimiento del objeto, y eso ocurre mediante el juicio lógico, del entendimiento según analizado en la Crítica de la razón pura. El juicio estético reposa de tal manera en fundamentos a priori, y un juicio tal es puro solamente en la medida en que ninguna complacencia meramente empírica se mezcle al fundamento de la determinación del mismo.
Kant establece tres tipos de complacencias: la de lo agradable, que es aquel tipo de obra que simplemente deleita, la de lo bueno, que es estimado bajo valor objetivo con atributos ajenos al juicio desinteresado, y lo bello como aquello que place. Sólo lo bello entra en el ámbito del auténtico juicio estético, pues es una complacencia desinteresada y libre, sin reposar en interés alguno, ni el de los sentidos, ni el de la razón, ni el de la fuerza de aprobación.
En referencia a lo bello, una vez definido lo agradable como categoría inferior que no debe ser confundida con lo bello, agrega que el atractivo no conforma la belleza, y que debe vigilarse a la hora de emitir un juicio de gusto como separar esencia y adorno. De tal modo, hay belleza libre y belleza meramente adherente. La segunda, en tanto y que atribuida a un concepto (belleza condicionada) le es atribuida a objetos que están bajo el concepto de un fin particular. Las flores son bellezas libres de la naturaleza. En el enjuiciamiento de una belleza libre el juicio es gusto puro. Pero la belleza de un hombre o de un caballo, o de un edificio, supone un concepto del fin que determina lo que a cosa debe ser, y en consecuencia, es belleza adherente.

Fotografía: Julio Bello Aguabella
"Sin Titulo"
La Habana, 1995

4 comentarios:

tecla dijo...

Yo leí en una ocasión que la belleza es una promesa de felicidad.
Me seguí preguntando y descubrí que la felicidad es una promesa de vida.
Donde ha vida hay dicha y donde hay dicha, hay belleza.
Pero tu piensas tan bien, que no te puedo discutir. Tu pensar es mucho más profundo y abstracto. Aunque bello y complaciente, desde el punto de vista del placer que me produce el discurrir de tus ideas.
Son como una riguera de agua cristalina que fluye sin parar.
Puro deleite, amiga del alma.
Se percibe la emoción y el goce que te produce el ir descubriendo verdades ocultas y mágicas.
Emoción pura.

Erna Ehlert dijo...

Vaya fotografía más bella.

La sonrisa de Hiperión dijo...

La belleza no tiene explicación... Sólo se sabe definir cuando uno la tiene delante.

Saludos y un abrazo.

Wersemei dijo...

Es dificil definir lo bello. La belleza no se mide. Puedo verla en un cuadro, en unas palabras, en un acto, en un niño. En mil cosas a la vez. No creo que existan unos cánones que midan la belleza cómo tal.
Todo es según el color del cristal con que se mira.
Me gusta el debate que suscita tu reflexión de hoy. Un beso Sil.